Pizza

Este fin de semana ha tenido un poco de todo, salida fotográfica, gastronomía y el inicio de la temporada de verano en casa, instalando la piscina en la terraza.

En la parte gastronómica he probado hacer pizza casera. El primer intento de hacer pan no fue muy productivo, así que he probado hacer la masa de la pizza y después lo más sencillo poner ingredientes al gusto. Para hacer la masa, tengo que decir que conté con la ayuda de un gran pinche, la peque, y lo que más le gustó fue llenarse las manos de harina para que no se pegara la masa.

Os dejo la receta de la masa, cogida de Directo al paladar:

- 200 ml. de agua
- 300 gr. de harina de fuerza (no es fácil encontrarla, la podéis encontrar en el supermercado de El Corte Inglés)
- Media cucharada de café de sal
- 20 gr. de levadura fresca (yo puse 25 que es el dado entero)
- 15 ml. de aceite
- semolina

En un bol mezclamos la harina y la sal.

En mi caso, como la levadura era fresca, la mezclé con el agua que estaba templada (aprox. 37 º, si la ponemos muy caliente matamos la levadura). En el centro del bol, hacemos un volcán y ponemos el agua.

Removemos con un tenedor hasta que a masa se desprenda de las paredes. Cuando lleguemos a este punto, pasamos a la mesa de trabajo (o mármol), lo podemos espolvorear con harina o semolina. Yo puse semolina para dejar más crujiente la masa.

Ahora toca amasar durante cinco minutos, aplastando y estir
ando la masa con a base de a mano derecha, la doblamos por la mitad y presionamos con la base de las dos manos. Durante el amasado, hay que ir espolvoreando la masa con harina para que no se pegue, pero en pequeñas cantidades, de lo contrario la masa se endurecerá.

Esta parte me la salté, pero por si queréis hacerlo: Para que quede muy elástica hay que proceder al refinado de la masa. Para refinarla aplasta y retuerce la masa, girándola y dando forma alargada sobre la mesa. Une los extremos y amasa con los puños hasta fusionar el conjunto. Repite el proceso de amasado y estirado durante 5-10 minutos.

Ahora dejamos la masa en un cuenco tapada con film transparente y la dejamos fermentar en un sitio cálido durante 30 – 40 minutos, o hasta que doble el volumen inicial. Yo la dejé 35 min. En casa en verano, cualquier sitio es cálido, así que sube rápido.

Una vez la masa ha fermentado, pasamos a la mesa de trabajo y la cortamos en las porciones que queramos, dos o tres, dependiendo del tamaño de la pizza, en casa dos. Apretamos con los puños para eliminar el gas que se ha formado en el interior al fermentar. Pasamos al rodillo, estiramos hasta tener una masa de unos 3-4 mm de grosor.

A partir de aquí, poner ingredientes al gusto, en mi caso puse, tomate frito, jamón dulce cortado fino hasta el punto de quedar birutas, dados de bacon y champiñones. Por encima un poco de queso para fundir y voilà:


Lo mejor de la receta, ver a la peque llegar corriendo con el cuenco con la masa fermentada diciendo “Mama, s’ha fet gran!! (Mama, se ha hecho grande!)”, con cara de sorpresa y pensando lo hemos hecho bien!!

Consejos de Directo al Paladar:

Si nos gustan pizzas muy finas y crujientes, deja reposar la masa en una bandeja de horno espolvoreada de semolina durante 10 minutos, cubre con los ingredientes deseados (tomate en rodajas o triturado, mozzarella, anchoas, aceitunas, etc.), riega con un hilo de aceite de oliva virgen y hornea a horno muy fuerte, 250º-290º unos 10 minutos, o hasta que quede crujiente y dorada.

Si queremos una pizza de masa más gruesa y esponjosa, dejemos fermentar de nuevo el disco de masa durante 35-40 minutos, hasta que suba lo suficiente. Cubrimos con los ingredientes y horneamos a 220º unos 20 minutos.
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