Para tí

Quiero dedicar este post a una persona muy especial en mi vida.

Con él he aprendido a querer la montaña, he paseado por la Sierra de Gredos, he aprendido a distinguir los mejores sitios donde crecen espárragos y níscalos… De pequeña, en los veranos que pasamos en el pueblo (Barajas), cuando me levantaba por la mañana sabía que encontraría encima de la mesa un buen plato de carne (puede que hoy en no sea la mejor dieta mediterránea, pero tengo que decir que la carne con el pan de máquina estaba bueníiiiiiisima).

En los paseos matutinos no íbamos sólo mi tío, mi hermano y yo (mi tío tiene solo cuatro años más que yo), sino que venían todos los amigos, nos podíamos juntar 7 u 8 niños. Hemos tenido todo tipo de anécdotas, recuero un día que vi un lazo y le pregunté a mi abuelo que qué era, me explicó que era una trampa para cazar conejos, esto ocurrió a la ida y cuando volvíamos a casa caí en el lazo, me quedé atrapada y fue él quién me “salvó”.

Soy muy feliz sabiendo que está ahí. Cuando se jubiló, marchó a vivir al pueblo. Siempre lo había dicho, pero al principio pasaba largas temporadas en casa y mientras que yo estudiaba en Barcelona, de vez en cuando me escapaba a comer con él. Yo con los años, supongo que como muchas personas he dejado de comer tanta carne, pero en cada comida me encontraba frente a platos llenos de carne

Cada vez que he vuelto a su redil, ha sido como volver a mi infancia, esos largos veranos jugando en la plaza del pueblo, las fiestas de verano en Navarredonda de Gredos y en el pueblo.

En una de las últimas ocasiones le llevamos
hasta el mercado de un pueblo cercano, entre todas las compras que teníamos que hacer, estaban las gallinas. Sí, compramos gallinas ponedoras. Dani y yo nos lo pasamos fenomenal, era algo completamente diferente, pero lo mejor estaba por venir y es que nos pasamos toda la tarde paseando por el corral para coger los huevos que ponían las gallinas. Recuerdo como reía mi abuelo y nos decía que éramos como niños y no se equivocaba, disfrutamos muchísimo.

Le llamamos viejo, pastor, pero es el yayo. Es, ha sido y será una persona muy especial en mi vida. Con el paso de los años, le he visto emocionarse como pensaba que no lo vería nunca, hemos mantenido conversaciones profundas y hace unos días me han dicho que tiene cáncer…

A partir de aquí, no se lo que vendrá, sólo se lo mucho que le quiero.

La foto es del fin de semana pasado, en el que volví al redil, necesitaba abrazarle, darle un achuchón y me reencontré con mis amigas las gallinas ;)




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